Torah para Vivir

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30 may. 2010

Shalom Bait Parte 2



BS”D

Lo primero que debemos hacer para empezar el trabajo de Shalom Bait (Paz en el hogar) es tener en claro que nos hemos casado con la persona que ha sido destinada para nosotras aún 40 días antes de nuestra concepción.
Si halájicamente (Según la Ley de la Toráh), este matrimonio está bien constituido, sabremos que es nuestra tarea hacer de nuestro hogar el laboratorio de nuestras vidas. Por el bien de nuestras almas, de la de nuestro compañero/a, y las almas de nuestros descendientes.
Si asumimos nuestro hogar como un lugar de desarrollo, como un verdadero laboratorio de crecimiento espiritual, emocional, intelectual y físico, se deben tener en cuenta muchas condiciones. Todos los que se encuentran allí, pertenecen al lugar, tienen un rol o una tarea asignada, está prohibido el ingreso de toda persona ajena a la institución, aunque sean simpáticos, ricos, “influyentes”, parientes demasiado cercanos, o consejeros, metidos y administradores de profesión.
Cada individuo o cosa que ingresa debe ser vigilada y si sirve positivamente para algún procedimiento interno, entonces se le abrirán las puertas a condición que cumpla con el objetivo esperado.
El hogar/laboratorio es el matrimonio y los hijos, todos los demás son “externos” por no decir extraños. La consulta antes de invitar a alguien a casa debe ser fluida, constante y verdadera. Es decir, hay que consultar de “verdad” entre ambos integrantes del matrimonio sobre la invitación de externos a ingresar a la casa, sea que ambos, esposo y esposa, estén presentes (como por ejemplo invitados de Shabat), o si alguno de los dos estará ausente durante la visita.
No damos por sentado nada, sino que tomamos al otro en serio y con respeto (qué era eso?), aunque (él o ella) esté en el trabajo y ni se entera quién vino a casa. Como dicen nuestros sabios, hombre y mujer, cabeza y corazón, deben funcionar juntos para que todo el conjunto (alma y cuerpo), caminen hacia delante en forma armoniosa y coordinada.
Los subordinados/aprendices del laboratorio deben adquirir la costumbre de consultar y acatar las ordenes de sus superiores. Todo esto, lejos de generar tiranías, genera vínculos claros. La Torá insiste mucho en el respeto de los hijos hacia los padres, el mundo en el que nos movemos insiste mucho en que los “viejos” no entienden y no saben nada. Es fundamental tener en claro, que construir un hogar judío, se hace desde las órdenes de la Torá y no desde lo que muestra la calle o la tele, ni cumpliendo con mandatos que se oponen a Di-s (Di-s no lo permita).
Los directores del laboratorio tienen que ponerse de acuerdo sobre las distintas tareas a realizar y sobre como hacer que los aprendices que dependen de ellos, avancen en conocimientos y madurez hasta que algún día estén listos para independizarse y formar su propio laboratorio/hogar. Esto requiere muchísima atención por parte de los padres, atención que es prioritaria en las Mitzvot. Un hijo que tiene padres que se comunican entre ellos, que saben hacia dónde se dirigen, que actúan lo mismo que dicen en el discurso, adentro y afuera; padres que aceptan sus obligaciones y responsabilidades “sin emitir facturas” al prójimo; que están dedicados a ver y descubrir lo mejor y lo mas luminoso de cada uno de los integrantes de la familia; este hijo, con estos padres, tendrá una gran oportunidad dada desde el Cielo para construir su vínculo con él mismo, con Di-s y con el mundo.
Hacia allí vamos...
El laboratorio es un ejemplo para que tengamos en cuenta que nuestra alma vino a TRABAJAR, nuestro matrimonio o nuestros hijos, no son, (como objetivo), una fuente de la cual sacar nada. Allí venimos todos a trabajar, a dar y en la medida que damos, todos aprendemos, nos sentimos bien, sabemos que cualquier cosa que sentimos que no funciona, es un desafío en puerta.
Ante todo debemos aprender a clamar al Jefe, a Quién nos ha enviado. Debemos estar abiertas/os a los cambios que debemos o vinimos a hacer y a los cambios que los demás integrantes llevan a cabo. Debemos aprender a conectar nuestras percepciones con la mirada del alma Divina, de la Neshamá; porque de este modo, sabremos por donde empezar y qué es prioritario y qué es superficial.
Debemos aprender a decir sí, pero también a decir no, y la guía de nuestras decisiones no puede o no deberían ser las ganas (del alma animal), sino la decisión madura. Qué espero, se deseo hacer, qué quiero que ocurra, qué o no estoy dispuesta/o a hacer? No es una respuesta caprichosa, es una respuesta que evaluará qué siento, que espera o creo que espera Di-s de mí, que opciones tengo para ofrecer, etc.
Muchas veces en el camino de la observancia se disfrazan de Mitzvot favores personales, o huidas del hogar para salvar al mundo. La Tefilá cotidiana, el encuentro con el Dueño del laboratorio, nuestro hablar con Él, nuestro llorar y reirnos con el Todopoderoso, nos permitirá tener sensaciones más claras de qué es lo que debemos hacer. No hay recetas, hay muchos, muchísimos errores, hay que saber hacer Teshuvá con Di-s, pedir perdón al esposo/a, hijos, e iniciar el cambio requerido.
Shalom, Shalom, Shalom Bait. Nada es más urgente que la Paz en el hogar. En un laboratorio que hay que hacer limpieza y orden, donde se deben cuidar muchos detalles, lo esencial es que haya armonía entre los integrantes. Porque si no, limpiaremos el espacio físico mientras (Di-s no lo permita) llenamos de desperdicios los corazones de todos los habitantes de la casa. Se hace un plan, y en la marcha se modifica, Di-s habla todo el tiempo, nos detenemos para oirLo, o sólo lo llamamos para un diálogo unipersonal?
Un laboratorio/hogar está llenos de sorpresas, está vivo, hay éxitos y hay fracasos, pero todo apunta a buscar lo positivo de cada integrante y de cada situación afín de completar la tarea para la cual hemos sido enviados a la tierra.
Si las escenas se repiten, si “siempre me pasa lo mismo”, es una clave muy fuerte que somos nosotras/os las/los que tenemos que cambiar. De nada nos servirá echar culpas, pues si nuestra alma vino a ayudarnos a refinar a nuestro “pequeño pony- alma animal”, es eso lo que tenemos que hacer. Pues al hacer el trabajo se frtalece el alma Divina y nos sentimos más aliviadas/os. No hay recetas, hay trabajo, un trabajo dirigido con la emunah, (fe-fidelidad) que Di-s nos metió en “esto”, y saldremos de “esto” con Su ayuda y nuestro esfuerzo cotidiano, segundo a segundo.
A veces vinimos a aprender a dar desde un la ternura y en otras oportunidades a dar desde el no, desde el rigor y la disciplina. En general los conflictos aparecen cuando decimos sí, donde tenemos que decir no, y decimos no, donde tenemos que decir sí. El trabajo interior, el trabajo interior con el alma Divina, nos ayuda a ubicarnos y a conectarnos con la respuesta que genera luz y permite cambiar de nivel y de escenas...
Y si algo nos parece demasiado para nosotras/os, reclamemos al casamentero, porque sí, definitivamente no hay error, Di-s tiene un plan para este Shidaj.

Continuará (Bli Neder)
Patriicia (Dvorah)