Torah para Vivir

Torah para Vivir

30 may. 2010

Shalom Bait Parte 1



BS”D

Sí, es cierto, Di-s nos dio a las mujeres una capacidad mayúscula para percibir los distintos estados emocionales de las personas.
Pero la adjudicación de este sensible talento se debe, a que su función es imprescindible para el rol que debemos cumplir.
Esposa y mamá.
Todo tendría que andar de maravillas!
Nosotras, grandes intuitivas, deberíamos proveer de sustento emocional a toda la familia. A todo el mundo!
Deberíamos ayudarlos a conectar sus emociones con sus pensamientos y su accionar, deberíamos acercarles las herramientas necesarias para que cada quién, pueda deshojar las cáscaras que cubren la verdadera identidad (el alma Divina).
Cada mujer, llega con una porción generosa de capacidad de dar, porque allí se encuentra nuestro objetivo y nuestra misión; dar amor, generar en el prójimo el equilibrio que le permita sacar a la luz, lo mejor de su potencial.
Pero la realidad es que la gran mayoría de las mujeres nos encontramos en medio de nuestras vidas, con cientos de lastimaduras en el corazón, cientos de sentimientos y pensamientos quebrados, infinitos gestos de amargura y desconsuelo y mares de lágrimas. Sí, algunas sonrisas también, pero pocas en comparación al stock negativo que pesa dentro de nuestra privada contabilidad.
Qué pasa con nosotras?
Lo primero que debemos hacer, antes de intentar responder cualquier cosa es saber quiénes somos, Quién nos envía y para qué.
1- Somos un alma, una chispa de Di-s mismo, un alma que ha sido enviada para una tarea y para cumplir esa tarea, el alma ha sido encapsulada en un cuerpo, este cuerpo también tiene un alma que lo vivifica (alma animal), y que intenta plasmar a toda costa su voluntad. La voluntad del alma Divina, la mayoría de las veces es opuesta a la voluntad del alma del cuerpo. Y el alma Divina, puede hacer su tarea sólo y tan sólo si el cuerpo le “hace lugar” para que se exprese. Entre el alma Divina y el alma animal, existe un alma que conecta a ambas, este alma intelectual tiene como tarea trabajar sobre las emociones del alma animal elevándola, despojándola de todo lo negativo hasta transformarla en una carroza que conduzca la voluntad del alma Divina.
2- Di-s envía al alma que somos, a fin de que santifiquemos este mundo físico y generemos con nuestro accionar una morada para Él. El Eterno nos envía para que levantemos las máscaras de este mundo y revelemos la esencia del Todopoderoso en cada rincón de la existencia. Con esta misión, nos volvemos socios y parte activa de la Creación.
3- Su objetivo es que construyamos nosotros mismos nuestra futura estadía en el mundo perfecto que el Creador ha preparado desde el inicio de Su Creación. Esta adquisición, se logra a través de cumplir Sus Mandamientos, estudiando Su Torá. Refinando nuestra alma animal, purificando también a todo nuestro entorno hasta convertir este plano burdo y material, en una expresión inequívoca de Divinidad.
Ahora intentemos ver nuestra vida (de mujeres) desde esta óptica, los encuentros no son casuales, tampoco es cuestión de “suerte” con quién nos hemos casado, ni los hijos que nos han tocado.
Según el plan Divino, cada alma debe realizar tareas generales (si es judía, debe cumplir con los preceptos que según su tribu, su sexo, su edad, etc. le indica la Torá, y si es no judía debe cumplir los siete preceptos Noájicos).
Pero también, cada habitante de este mundo, tiene una misión particular y por eso el Creador envía su alma a un cuerpo determinado, con talentos y dificultades determinadas, en un entorno determinado y en una época determinada.
Nada es azar.
Cada cosa que somos, tenemos o nos sucede, está creado especialmente para nosotros, para facilitar la tarea que nuestra alma vino a completar.
Digo completar, pues somos todos parte de un todo, y cada uno, enmendando su parte, contribuye a que el armado final en la perfección de este mundo, sea alcanzado.
Toda esta información, se puede localizar dentro de nuestra alma Divina.
Para dar un cauce sabio a nuestra vida, debemos habilitar los canales por donde nuestra alma Divina pueda hablar y decidir hasta que ella sea la que guíe nuestra vida y no, (Di-s no lo permita), como es lo habitual, que sea la voz de nuestra alma animal la que usa nuestro intelecto para concretar su voluntad egoísta e inmadura.

Los canales para habilitar el diálogo con nuestra alma Divina, son el cumplimiento de los Preceptos que Di-s nos ha encomendado y el estudio de Su Torá.
Por tal motivo es una condición ineludible cumplir Mitzvot y estudiar Torá (Naasé veNishmá), ya que sin este cumplir, sin esta autoanulación a favor de los Mandamientos Divinos, se obstruyen (Di-s no lo permita), las capacidades para trascender nuestra mentalidad finita y entonces nos convertimos en ciegos, videntes de una sola realidad, de nuestra realidad física.
Si solo nos quedamos con lo que vemos o captan nuestros sentidos y no tenemos acceso a la información espiritual que sustenta el mundo, nos volvemos como animales en un laberinto. Corremos, comemos, nos desesperamos, nos peleamos, volvemos a correr, nos encontramos con alguien, lo abrazamos, procreamos, le exigimos, nos dejamos morder, lo arañamos, huimos, dormimos y volvemos a empezar.
Y así es como muchas mujeres nos sentimos, cuando no comprendemos por qué no nos suceden las cosas que deseamos nos sucedan, o por qué sí nos suceden otras que preferiríamos olvidar.
Simplemente, esa información que nos daría alivio, consuelo, esa sabiduría que nos abastecería de guía y fortaleza para actuar y decidir, está oculta y silenciosa dentro de nosotras.
Sin el despertar de los canales que amplifican la voz del alma Divina, podemos permanecer así, sordas, ignorantes del caudal maravilloso de poder que potencialmente poseemos y que éste se manifiesta con plenitud cuando nuestros pensamientos, palabras y acciones están asociados a Di-s.
Las Mitzvot son la base, (sin comparar) son como las tablas de multiplicar, sin ellas cualquier camino hacia la matemática se vuelve imposible.
Del mismo modo, sin Mitzvot no se puede ni empezar a pensar en términos Divinos, tal como no se puede emprender ninguna ecuación simple si uno no sabe las tablas de multiplicar.
Pero tampoco el cumplimiento de las Mitzvot nos asegura nada, si no usamos esa fuerza, esa entrega, esa “conexión” para ir en busca de lo Divino que reside en nuestro interior atesorando la llave para la alegría verdadera.

Volviendo al tema de que todo lo que nos sucede es para cumplir nuestra misión, deberíamos pensar a nuestra alma como un actor y a nuestro cuerpo como un personaje.
El actor quiere hacer bien su papel, si le toca ser rico, o pobre, o mujer, o varón, o hermoso o alto o esclavo, o rey, es lo mismo para él. Si es un buen actor, utilizará todas las escenas y todos los recursos y todas las situaciones para que su interpretación sea brillante, sin mácula, excepcional.
En teatro es muy conocida la frase “No existen segundos papeles sino actores de segunda”. No importa qué papel nos haya dado el Creador y Director de esta obra, lo que importa es qué haremos con eso, con este personaje que nos tocó. Allí se manifiesta nuestro famoso y no siempre bien entendido “libre albedrío”.
Partiendo de la base que el alma vino a “arreglar” algo, en cada escena, en cada conflicto una debería ver la posibilidad de cumplir ese objetivo. El de mejorar, pulir, y cambiar para bien. Sin embargo nuestra ceguera, nuestra sordera, nuestra falta de conexión, nos hace sentir rechazo por todo lo que no es como lo esperamos, nos hace huir o desesperarnos, pelear y distraernos con ruidos varios, para no ocuparnos de lo que nos toca resolver.
No es maldad, es ignorancia, y eso tiene solución. (También la maldad)
Lo primero que debemos determinar es hasta dónde llega nuestro escenario.
Nuestra área básica es en nuestro hogar. Nuestro frente de batalla, nuestra responsabilidad primera, es nuestra casa.
Allí tenemos que hacer nuestra mejor actuación.
Di-s es el público. Y conoce todo sobre nosotras. Y si algo nos falta o nos sobra, o no sabemos cómo abarcarlo, es al Director que debemos pedir, suplicar. El Eterno es el Director, el puestista, el productor, el musicalizador, iluminador, sonidista, vestuarista, etc. Todo lo que necesitemos para hacer nuestras escenas, todos nuestros reclamos deben ser dirigidos a Él.
Con este principio, se “relaja” gran parte del estrés que recae sobre el elenco.
Si una decide que todo lo que necesita, se lo pedirá a Di-s, el Todopoderoso enviará todo lo que sea bueno para nosotras y nuestra familia.
El esposo y los hijos se verán así aliviados de no cargar sobre sus espaldas la tarea infinita de satisfacer las necesidades de la esposa/mamá. Y nosotras veremos, que si nuestra plegaria ha sido sincera, si la hemos dicho con nuestro corazón y nuestros pensamientos, los resultados serán ASOMBROSOS, prácticos, concretos y alentadores. Di-s no escatima, Di-s es muy, muy bondadoso.
La plegaria debe también portar el siguiente interrogante: ¿Qué quiere el Director que yo haga con esto que me envía?
Si recibimos una carta sellada, aún si está sucia, si es pesada, si no tiene buen aspecto, acaso no la abriremos?
Cada situación, cada encuentro que nos sucede, es Di-s enviándonos una carta.
La carta puede ser una instrucción, un “mutis por el foro” (que nos vayamos de esa escena), una felicitación, una indicación de cambio leve, o una advertencia de cambio drástico.
Nuestra familia tiene bolsas repletas de cartas de Di-s para nosotras.
No es necesario abrir todas de un solo golpe, pero tampoco podemos enviar de regreso al Remitente, los mensajes sin leer.

Continuará (Bli neder)
Patriicia (Dvorah)