Torah para Vivir

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25 may. 2010

“Mas allá de los espejos” (introducción)



BS”D

Cuando la entropía de mi vida llegó a su límite, solo me quedaban dos caminos a seguir; uno): Abandonarme a la naturaleza de la destrucción; dos): Hacer un esfuerzo equivalente a morirme y parirme de nuevo, revirtiendo el proceso hacia la dirección opuesta, hacia la integridad, hacia la vida, hacia D’s.
Desde mi nacimiento, mis dones habían marcado una diferencia sustancial con mi entorno. A medida que mi edad cronológica avanzaba, mis aptitudes iban aumentando en tamaño y en potencia. ¡Peligro! Cuando no se tiene el tutor donde aferrarse, cuando no se ha descubierto una base firme que conduzca más allá de conveniencias arbitrarias y egos hambrientos, cuando una desconoce la Ley, la Torá, y se maneja a los tropezones con una moral basada en hipótesis y modas humanas, la fragilidad de nuestras decisiones, lo endeble de nuestra existencia queda a la intemperie. Y la intemperie, la mayoría de las veces, es cruel, erosiva e intransigente.
En aquel entonces, un “entonces” que me llevó casi cuarenta años de desierto, yo luchaba.
Me peleaba conmigo y con el mundo, no comprendía el valor de esas capacidades que me aparecían casi sin fatigarme, casi sin “merecerlas”. La confusión me hacía pendular entre el despliegue de mis talentos, exponiéndome como un pavo real; y la represión de mis condiciones, haciendo de mí un estereotipo de mujer mediocre, en un gesto desesperado de parecerme a los demás y ser aceptada.
¿Ver lo que otros no ven? ¿Cómo vivir con eso? ¿Con quién hablar de “eso”?
¿Crear lo que otros ni siquiera se animan a imaginar? ¿Creer en lo que demás ironizan? ¿Desacordar cuando todos están de acuerdo? ¿Señalar lo que para mí, era un error obvio y hasta grosero, y convertirme en blanco de agresiones y de cinismos varios?
Cuando mis días eran muy jóvenes, la lucha me carcomía, literalmente me consumía tratando de “nivelar para abajo”, porque sentía que el otro camino, el camino del “desarrollo”, me condenaba a la soledad perpetua...
Resultado: la gente se fascinaba, me admiraba, desconfiaba, me odiaba, me temía, y huía de mí. Mi mundo inter-personal era una continua escena de tragedias griegas, repitiéndose una y otra vez hasta agotarme...
Es que, ante la falta de fe en un D’s bondadoso y bien-intencionado, lo único que sabía hacer era desgranar mis horas rellenando mis abismos en lugar de saltarlos y crecer.
La equivocación básica era que yo me creía, era la legítima dueña de mis talentos, y entonces por momentos la vanidad me ganaba todas mis aristas, pero en otros, la culpa me torturaba hasta casi aniquilarme. ¿Por qué yo? ¿Por qué a mí? ¿Y los demás?
Cómo no tenía respuestas que me curaran el remordimiento, intentaba por todos mis medios asociarme a personas que me ayudaran a reprimir mi belleza espiritual, física y/o emocional. Y así era mi existencia, llena de odio y resentimiento; por eso, muchas veces, durante interminables noches de dolor y llanto, me pregunté que sentido tenía seguir viviendo...
Cuando una llega a lo más negro de la su propia oscuridad, solo quedan dos caminos, perderse por completo, o elevarse haciendo el camino de retorno.
Yo me decidí por la elevación, y en ese acto brutal, casi visceral, de electro-shock salvador, lo encontré a Él. D’s, con su infinita paciencia me estaba esperando, para abrazarme, para protegerme, para consolarme y para mostrarme la Verdad.
Me enseñó que yo solo era un canal, donde Él ponía en marcha una misión, y para que esa misión, pudiera llevarse a cabo con éxito, Él me proveía de las herramientas necesarias.
Yo no era dueña sino subalterno, por lo tanto, no tenía derecho ni a vanagloriarme por las cualidades que se me habían otorgado, ni podía dejarlas tiradas por ahí, descuidándolas o prostituyéndolas. Cuando comprendí que mis dones eran préstamos, que el Eterno me daba a fin de que yo pudiera hacer mi tarea, aportando mi trabajo, mi servicio, y mi amor, sentí un gran alivio.
Todo mi horizonte cambió.
Toda mi vida cambió.
Revertir la entropía es revertir la desintegración y apostar a la Unidad, a unirse a Él.
Entonces en lugar de des-encuentros, empezaron a surgir “coincidencias”, aparecen amigos nuevos, amigos viejos, maestros, libros, frases sueltas, mensajes y señales. El rompe-cabezas empieza a convertirse en un sana-cabezas y una “ve” como se iluminan esos “encastres” con luz del cielo.
Por eso, “Mas allá de los espejos”. Porque me estoy re-armando más allá de las apariencias, más allá de los reflejos, más allá de mi propia imagen, más cerca de D’s.
Patriicia (Dvorah)