Torah para Vivir

Torah para Vivir

18 mar. 2014

Jóvenes en peligro...



Todo el que haya estudiado halajá (ley judía), sabe que preservar la vida es más importante que cumplir casi cualquier Mitzvá, cualquier precepto Divino.
Por ese motivo, es que se debe profanar Shabat para salvar a una persona de una posible muerte o, en el caso de un enfermo, para evitar el empeoramiento de su salud. Di-s no lo permita.
El Baal haTania, un gran sabio jasídico, ha sido un ejemplo inspirador para muchas generaciones, pues fue protagonista de esta Mitzvá, cuando un Iom Kipur (Día del Perdón) abandonó su plegaria, su Talit (manto) y corrió a asistir a una parturienta que se encontraba sóla en su casa. El Tzadik, cortó leña, prendió fuego y cocinó para la mujer. El Alter Rebe, como lo llaman los jasidim de Jabad, siendo líder de su comunidad, abandonó todas las Mitzvot del día más Santo del año, para cuidar de la vida de la parturienta y ayudarla a tener su bebé...

Muchos han entendido que si el concepto de "Pikuaj Nefesh" "Salvar Una Vida" es cierto para el cuerpo, es obviamente cierto para salvar las vidas espirituales de los judíos. Qué significa? Que muchas veces los líderes, abandonan su lugar de "Santidad" para acudir a ayudar a judíos que están perdidos en la noche de la asimilación...

Ambos socorros, son dignos de alabanzas y seguramente, Di-s está sumamente feliz de ver como un judío abandona su sitial de "privilegio" para ayudar a otro judío que necesita asistencia, sea de índole física, sea de índole espiritual....

Sólo que en mi humilde opinión, esta actitud de salvataje, ya no es suficiente...
Creo que ya no es suficiente el rescate físico y/o espiritual si no tenemos en cuenta el corazón de las personas. Y cuando digo el corazón, me refiero a sus emociones, a sus voluntades más auténticas, más íntimas, más verdaderas.
Hubo épocas que era suficiente con salvar el cuerpo, otras era suficiente con acercarlos a la fuente de Vida que es la Torah, pero hoy, no alcanza, hoy tenemos que conectar con los sentimientos, los reales sentimientos de nuestros prójimos...

Por supuesto que para empatizar, para comprender qué es lo que las personas desean, aman, rechazan, añoran, temen, etc. es imprescindible reconocer esas emociones dentro de nuestro propio corazón. Ningún salvavidas puede ser exitoso rescatando a una persona que se está ahogando, si no ha aprendido a nadar, si no ha aprendido a luchar contra la corriente, si no ha braceado hasta el agotamiento y si no se ha enfrentado al pánico de "no salir vivo de esta"...

Alguien que quiere ayudar a otros, debe estar muy práctico en ayudarse a sí mismo, debe tener mucha experiencia en escuchar lo que su corazón llora, y debe saber qué y cómo debería resolver, o al menos saber que hay "algo" que debe resolver...

En esta época, ya no podemos resolver los conflictos como se resolvían en siglos y hasta en décadas anteriores...
Estamos frente a un desafío impresionante, porque, en especial, nuestros jóvenes se enfrentan a un cambio de paradigmas, un cambio sustancial de los valores generales, y nosotros, ni siquiera hemos podido resolver nuestras carencias que ya son "historia"...

Hay muchos jóvenes que no saben que hacer de sus vidas, hay muchos jóvenes que tienen sueños, pero no se imaginan haciéndolos realidad, hay muchos otros, que tienen propuestas para sus vidas, que son inaceptables para la familia, o para el ámbito donde se mueven y hay jóvenes que deciden luchar por lo que aman, pase lo que pase, sin apoyo, sin guía, sólos y sin protección...

Nuestro desafío, ya sea como padres, como educadores, como terapeutas, como entrenadores, o simples partícipes de alguna parte de la vida de estos jóvenes de hoy, es amarlos como son...

Si el joven vive en un ambiente Jaredí, datí, masortí, secular, judío, no judío, con familia, sin ella, con o sin capacidades especiales, tenemos que estar con ellos, estar de verdad, que ellos SEPAN que son amados por nosotros, más allá de lo que hagan, de lo que no hagan, de lo que pueden hacer y de lo que no pueden...

Es una época donde tenemos que amar a nuestros jóvenes, abrazarlos, dejar de juzgarlos, escucharlos aunque no hablen, aunque no expresen nada. Ellos tienen mucho para decir, pero no saben cómo, no tienen palabras, no tienen las llaves para abrir el corazón, porque tal vez, estuvieron mucho tiempo escuchando lo que nosotros teníamos para decir, para ordenar, para excusar y para quejarnos...

Los adultos debemos animarnos a dar el paso que hay que dar, estamos dispuestos a confiar en Di-s? 

Estamos dispuestos a pensar que si somos un ejemplo de vida, si estamos cerca de ellos cuando ni siquiera ellos se "aguantan", entonces tal vez ellos puedan percibir que son realmente importantes, y de esta manera podrá florecer esa chispa Divina escondida en su interior?

Cuántos jóvenes han huído de sus casas a causa del agobio, o la falta de atención, violencia o abandono, cuántos piensan en dejar de vivir? 
Cuántos quisieran hacer algo, pero temen al rechazo, y no hacen nada, y se marchitan y odian todo...?

Creo que nuestra propuesta, debe ser amar y armar nuestro propio camino de Torah. Porque en estos tiempos de "kiruv" (acercamiento a las personas a una vida de observancia de los preceptos de Torah) muchos nos olvidamos que despertar en otros, el deseo de volver a sus raíces, no es una carrera ni una campaña política y los invitados, suelen terminar siendo más un número, en lugar de ser un judío con un nombre, un pensamiento y un estilo de vida particular...

Y ya no es suficiente hablar, o dar conferencias, o invitar a la gente a Shabat, hoy hay que estar felices de verdad, hoy hay que SER...
Ser quienes vinimos a ser y permitirle a nuestros jóvenes descubrir, cuál es su propio camino, cuál es el íntimo sendero de su Alma Divina...

Este desafío es tanto para adentro como para afuera y para que funcione, tenemos que renunciar al qué dirán y a las opiniones y presiones del entorno...
Sé que muchos entienden lo que estoy proponiendo...

Tal vez no sea muy fácil...
Pero es la única manera de cumplir con la halajá que dice que para salvar una vida, si es necesario, se debe profanar, casi todas las Mitzvot... Y la vida de nuestros niños, de nuestros jóvenes están en peligro...

Entonces, abandonemos nuestra estrictes, nuestras opiniones de cómo "deberían ser las cosas", nuestras soluciones lógicas y nuestras estadísticas, volvámonos a nuestros hijos, alumnos, pacientes, como lo que son, seres queridos distintos a nosotros, mirémoslos, sostengamos sus manos y sus sueños, porque ellos, y sólo ellos, son nuestro futuro, nuestra próxima y tan deseada Redención.

Patriicia Deborah Starkloff