Torah para Vivir

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10 may. 2011

Shalom Bait: Nosotras, las actrices



Parte 2

Volviendo al tema de que todo lo que nos sucede es para cumplir nuestra misión, deberíamos pensar a nuestra alma como un actor y a nuestro cuerpo como un personaje.
El actor quiere hacer bien su papel, si le toca ser rico, o pobre, o mujer, o varón, o hermoso o alto o esclavo, o rey, es lo mismo para él. Si es un buen actor, utilizará todas las escenas y todos los recursos y todas las situaciones para que su interpretación sea brillante, sin mácula, excepcional.
En teatro es muy conocida la frase “No existen segundos papeles sino actores de segunda”. No importa qué papel nos haya dado el Creador y Director de esta obra, lo que importa es qué haremos con eso, con este personaje que nos tocó. Allí se manifiesta nuestro famoso y no siempre bien entendido “libre albedrío”.
Partiendo de la base que el alma vino a “arreglar” algo, en cada escena, en cada conflicto una debería ver la posibilidad de cumplir ese objetivo. El de mejorar, pulir, y cambiar para bien. Sin embargo nuestra ceguera, nuestra sordera, nuestra falta de conexión, nos hace sentir rechazo por todo lo que no es como lo esperamos, nos hace huir o desesperarnos, pelear y distraernos con ruidos varios, para no ocuparnos de lo que nos toca resolver.
No es maldad, es ignorancia, y eso tiene solución. (También la maldad)
Lo primero que debemos determinar es hasta dónde llega nuestro escenario.
Nuestra área básica es en nuestro hogar. Nuestro frente de batalla, nuestra responsabilidad primera, es nuestra casa.
Allí tenemos que hacer nuestra mejor actuación.
Di-s es el público. Y conoce todo sobre nosotras. Y si algo nos falta o nos sobra, o no sabemos cómo abarcarlo, es al Director que debemos pedir, suplicar. El Eterno es el Director, el puestista, el productor, el musicalizador, iluminador, sonidista, vestuarista, etc. Todo lo que necesitemos para hacer nuestras escenas, todos nuestros reclamos deben ser dirigidos a Él.
Con este principio, se “relaja” gran parte del estrés que recae sobre el elenco.
Si una decide que todo lo que necesita, se lo pedirá a Di-s, el Todopoderoso enviará todo lo que sea bueno para nosotras y nuestra familia.
El esposo y los hijos se verán así aliviados de no cargar sobre sus espaldas la tarea infinita de satisfacer las necesidades de la esposa/mamá. Y nosotras veremos, que si nuestra plegaria ha sido sincera, si la hemos dicho con nuestro corazón y nuestros pensamientos, los resultados serán ASOMBROSOS, prácticos, concretos y alentadores. Di-s no escatima, Di-s es muy, muy bondadoso.
La plegaria debe también portar el siguiente interrogante: ¿Qué quiere el Director que yo haga con esto que me envía?
Si recibimos una carta sellada, aún si está sucia, si es pesada, si no tiene buen aspecto, acaso no la abriremos?
Cada situación, cada encuentro que nos sucede, es Di-s enviándonos una carta.
La carta puede ser una instrucción, un “mutis por el foro” (que nos vayamos de esa escena), una felicitación, una indicación de cambio leve, o una advertencia de cambio drástico.
Nuestra familia tiene bolsas repletas de cartas de Di-s para nosotras.
No es necesario abrir todas de un solo golpe, pero tampoco podemos enviar de regreso al Remitente, los mensajes sin leer.

Continuará? (Bli neder)