Torah para Vivir

Torah para Vivir

12 sept. 2013

Pedir Perdón

BS"D

La Halajá, la Ley judía, dice que Iom Kipur rehabilita a la persona frente al Creador, pero no resuelve los asuntos entre las personas, a menos que las personas se pidan perdón y se perdonen.
El riesgo de una mala comprensión de Iom Kipur, es creer que nuestro trabajo de reflexión es sólo con respecto al Todopoderoso.
Este tiempo, es una oportunidad para curar nuestros vínculos.
A quién se le puede ocurrir que diciendo : "Si te herí, te lastimé, dije algo impropio, te fallé, te pido perdón", el trabajo que nos tocaba hacer está finiquitado?
A quién le gusta que le pidan perdón por algo así, inpreciso, general, falto de dolor por el daño causado?
Si alguien nos ha pisado el pie, queremos que:
1- Se de cuenta que nos acaba de causar dolor.
2- Se conmocione por haber sido instrumento para lastimarnos.
3- Se deshaga en disculpas porque comprende y empatiza con nuestro sufrimiento.
4- Se proponga cuidarse muy bien de no volver a pisar nuestro pie o el de cualquier otra persona.
5- Reconozca que este proceso es válido tanto si el pisotón fue "sin querer" como si fue ejecutado "con premeditación"'
6- Acepte, que no todos los seres humanos tienen la misma sensibilidad, algunos llorarán por el dolor, otros se enojarán por la desconsideración, otros se sentirán "pisoteados", y otros ni lo advertirán. El pedido de perdón tiene que ser acorde a lo que finalmente provocó en el prójimo.

Cuando pidamos perdón, pongámonos en ese lugar del otro, muchas, demasiadas veces tan distante de nuestra percepción. Si no logramos comprender los sentimientos del prójimo, al menos, podemos registrar esa carencia e intentar ser más sensibles. No digamos frases hechas, pues ésto empeora las cosas, vulgarizando los vínculos y desestimando la importancia de la comunicación y el verdadero interés por la otra persona.

Y si sientes que no puedes preguntar para escuchar una respuesta sincera, no preguntes nada.
Iom kipur es una fecha para enfrentarnos a nuestras hipocresías y dejar de hacer "como si".
Si herimos, pensemos en la mejor manera de curar esas heridas.
Si no estamos dispuestos a ver nuestras malas acciones, entonces quedémonos en silencio, hasta que Di-s se apiade de nosotros y nos sople al oído todas y cada una de las conductas que debemos modificar.

También debemos recordar a aquellos que no tienen la capacidad para reclamar, quejarse o expresar con palabras, el dolor que sienten.
Somos responsables frente a toda vergüenza que hayamos hecho pasar, frente todo el desprecio o la falta de consideración que hayamos hecho sentir a los niños. Y cuando me refiero a los niños, me refiero exactamente a esos seres humanos que tienen muy poca experiencia en discriminar lo incorrecto que es que hablen sobre ellos sin tenerlos en cuenta, que les hablen mal o despectivamente, porque de todos modos no entienden, que los acusen, que no les expliquen, que no se ocupen, que los hagan sentir una carga, una incomodidad. Y no hablo de cosas como el abuso o el maltrato, con el que toda persona normal acuerda que es un delito, hablo de esas pequeñas acciones cotidianas, que van horadando gota a gota, hasta fijar la creencia de ser un "desestimable". A esos niños que nos rodean por doquier, deberíamos pedirles perdón, pero como algunos, o muchos, no tienen la capacidad de comprender hasta que punto nos arrepentimos por haberlos pisado, la mejor decisión que podemos tomar en este Iom Kipur, es intentar de todo corazón, respetar y valorar los sentimientos, las razones y las necesidades de nuestros pequeños.

Y para terminar... este Iom Kipur, no nos disculpemos de la boca para afuera, porque esa actitud, es contraria a las leyes de la Torah.

Con mucho cariño
Gmar Jatimá Tová

PD: A veces los niños tienen más de 80 años...

1 comentario:

Yvonne Cruz-Sandoval Martell dijo...

Querida Maestra:

Sin duda alguna, el tema que ha elegido es tan hermoso como necesario. Inicio dándole las gracias, porque además, estas son ocasiones que Usted nos brinda para el pensamiento y la reflexión... Gracias por permitirnos compartirle lo que, a partir de Usted, podemos concluir.
Cualquier persona comete errores que producen ofensas en el prójimo, que pueden llevar implícito un sentimiento de culpa. Si pretendemos desentendernos de esta realidad, o proyectamos la culpa sobre otros, existiría un daño propio por no remediar u ocultar el problema.
Para vivir feliz, toda persona necesita del perdón. Todos ofendemos a alguien de vez en cuando, y para tener paz necesitamos aceptar la correspondiente culpa, pedir perdón y reparar en lo posible la falta cometida.
Sentirse culpable puede ser algo positivo si lleva a una reflexión y a una búsqueda de soluciones. Sentirse siempre ofendido y transmitir la culpa a los demás es producto del orgullo que, invariablemente, pierde la dimensión de las cosas.
Perdonar y pedir perdón son cosas que casi siempre van muy unidas, ya que en ocasiones las ofensas son mutuas, los agravios suelen entrecruzarse creando marañas muy complicadas. Esto termina atormentando a las personas antes que atreverse al perdón. Finalmente, muchas ofensas son imaginarias y magnificadas pero, como sea, es mejor enfrentarse a ellas para curar heridas.
Pedir perdón…Perdonar… ¡¡Con cuánta razón, quizá, Yom Kipur, es el momento más importante a los ojos de HaShem!!; ambas acciones son casi heroicas para el ser humano, luego, entonces, nos confieren una oportunidad de parecernos a Nuestro Creador, de heredar la esencia de nuestro Padre, de alcanzar la dignidad de hijos aunque sea de manera muy humilde. Hagamos del perdón algo natural, tan natural como la generosidad que se requiere para ello y así, ambas cosas serían una suerte de ejercicio que se convertiría en estilo de vida.
En cuanto a los niños… Todos tenemos un poco de ellos porque lo fuimos y es parte de nuestra esencia. Muchas veces tampoco alcanzamos a entender qué sucedió para que alguien actúe con nosotros de determinada manera. Y bueno, en muchos de los casos, por cercana y profunda que sea la relación, si en conciencia y ante Di-s no encontramos respuesta en nosotros, tampoco debe ser un problema que arrastremos de por vida; es cuestión de la otra persona y nuestra sola obligación se reduce a respetar su proceder. Di-s sabe cómo y por qué las cosas son como son.
La tranquilidad que da el perdonar y el pedir perdón no se parece a ninguna otra.
Que Nuestro Padre Eterno la cubra con su luz para que Usted nos la comparta siempre. Abrazos, rosas y cariño.

Yvonne